Ya estoy harto de rallarme, estoy harto de llorar por culpa de ella, harto de gilipolleces, harto de preocupaciones estúpidas que al final terminan en grandes problemas, harto de ella, harto de mi. Es odiar pero amar. Vale, si, una paradoja, pero es lo que siento.
A veces me paro a pensar en la primera vez que la vi. Ella sentada en su negra toalla de puntos, con su fino bikini de color azul oscuro. Su silueta moldeada me llamaba la atención. Su tersa morena piel era única , brillante como las estrellas de la noche y suave como la seda. Su melena de color chocolate caía sobre sus hombros al mover poco a poco la cabeza. Y su risa, bastante escandalosa, me causaba ánimos y esperanzas. Sabría, que algún día sería mía. Era perfecta y sigue siendo perfecta. Sus ojos mieles, recubiertos por una espesa capa de pestañas negras, resaltaban esa mirada tímida pero sincera. De las cinco chicas que la rodeaban, ella era la única, la más bonita.
Y cuando por primera vez, roce sus dulces labios. Ahí fue cuando descubrí que estaba enamorado, mi primer amor. Y cuanto la quería y la quiero.
-¿Me das la mano?
+¿A dónde vamos?
- A ser felices …
+¿A dónde vamos?
- A ser felices …
Amo con fuerzas y destruyo por dentro todo mal que se interponga en nuestro camino. Miro nuestro futuro y sé que aun andaremos agarrados de las manos por la playa de arena blanca, porque ya sé que el presente seguirá unido por nuestros corazones.

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