Por un momento decides pasar hoja de ese libro que tanto amas, pero percibes, que todo puede salirte al revés de lo que esperabas. Sigue en pie esa idea abrumadora de continuar con lo empezado y no volver a leer lo que leíste antes de ayer. Pero no es tan fácil asentar los pies en la tierra y no ser envuelto por el fruto de la imaginación de vez en cuando. Será por eso, que no disfrutas de lo que tienes hasta que ya se ha evaporado de las manos. Puede que sea así, puede que no, quién sabe.
Y por mucho que pruebes a dar los pasos cada vez que subes la escalera, siempre miras atrás, recordando que sucedió ayer, o antes de ayer, o la semana pasada. Intentando borrar esa imagen fea de la típica discusión con tu padre o la usual frase que te dice todas las mañana tu hermano o probablemente recordar a quien debes llamar por la tarde o simplemente el hecho de saber quien eres. Te sientes perdido entre tanta gente, entre tanto trasto. Pero aun sí, eres capaz de gritar al mundo y hacerme sonreír desde la otra parte el planeta

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